He cerrado la puerta y me he puesto a cantar; y nos dieron las diez…
Días como hoy, exigen un poco de soledad, una copa de eróticos pensamientos y por qué no,
un añejo sarcasmo fermentado.

Por poco y me saco la falda y algo más; de no ser que, “no puedo enamorarme de ti “.
<<¡Uy! >>
Por poco y se me escapa en un susurro tu nombre.
Por poco y me hago ríos precoces de ansiedad.
Es mejor zambullir los pensamientos, en un vaso atascado de hielo, que dejarlos surcar el desolado atardecer, que siempre ahoga el sol en el mismo lugar, allí entre el eco de tu voz y mi suspiro.

La dopamina que me produce esta trova triste y el hermoso colibrí posado en mi ventana,
han colmado mis dedos de pasión
y decido con ellos, acariciar un verso, de esos que te nombran; esculpir tu mirada en una poesía colgada de días que te extrañan,
en un trago eterno de amor dispuesto a morir por ti.

Y es que cuando me pongo romántica, no es lo mismo si me pongo neurótica; falta solo tu recuerdo para embriagarme de mágicos colores que saltan y envuelven fantasmas colgantes, que adornan el alma, la risa, la copa donde mis labios se pierden, buscando tus besos.

Les Mansilla / Guatemala, C.A. /SunsetLess

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Aun te Extraño

Mírame, la piel que cubre mi alma llora.
Los ojos se han salido de sus cuencas para no mojar más los días, las noches, las sombras, que trazan tu semblante cuando la luna asoma su luz en la ventana, esa vieja ventana que aun te espera.
Han pasado tantos días,
el otoño, el invierno… El frío invierno, cansado de helar cada verso que te escribo.
Es una locura este amor.
A veces le ignoro y finjo que no le veo, que no le escucho, que no le siento. Y a veces hablo con el, hasta el amanecer.
Ya se que no me extrañas,
ya se que no existes.
Solo me queda mi piel desnuda,
mis solitarias caricias, mi llanto silencioso.

Leslie Mansilla / Guatemala, C.A. /Sunset Less

Calla

Adviertete en el llanto de la noche,
que el suplicio de dolor me quema;
que no alcanzan las estrellas,
para iluminar la densa soledad
que me oscurece.
Calla en la locura de mofarte,
calla en la ambición de no quejarte,
muérdete el augurio de tu suerte
no me arranques la vida con tu veneno.
No me juzgues con la simpleza de tu mirada,
mira mas allá de la mordaza que acalla mi alma,
mas allá de mi última estocada.
Haz silencio, no digas nada.
Deja que el dolor mengüe,
deja que el corazón sane,
deja que tu voz olvide,
que necesitarte no sean mis mañanas.

Les Mansilla, Guatemala, C.A.
Sunset Less

Si no hablase indirectamente a quien dirijo mis letras; si no ocultase un destino nominal, en la perspicacia de un verso, ni en la discreción de la diplomacia literaria.
No, no sería entonces un acertijo en cuestión de quien creyéndose analítico, presuma de mis caracteres heterogéneos, un desastre.

Haciendo eco a esta voz interna que en mis silencios resuena, seré yo quien hable a mi misma, en este espacio nocturno, propicio para escapar. Escapar de los trescientos sesenta días entintados de nostalgia, de poesía lírica pasional, enamorada, herida y pragmática que a veces habita en mi pequeño universo, que bien puedo beberme en una copa o ahogarme en ella; según su contexto.

En la libertad de expresión que me concede la constitución política de mi país, y el libre albedrío que como ser pensante me corresponde, lanzo mis cartas sobre la vieja mesa, esa que por cierto… No he comprado yo.

Consciente totalmente de que el balance del 2,017 no conoce el positivismo, vestido de rojo me trae a remembranza el febrero veintidós, el invierno empapado de lágrimas, de una poesía en coma, de delirios y sueños de mentiras de esos que sueñas cuando despierto, estas ausente de ti mismo y de todo lo demás, cuando tus sentidos, el alma y el corazón bombean al unísono, eso que clínicamente no tiene explicación, pero en los cuentos de hadas le llaman “amor”.

Si, ese que el lobo en sus adentros sentía por la sexy caperuza aquella, de ojos grandes y cautivadores, con aquel aroma a jazmines que lo llevaban a la locura.
En fin… Todo eso que no se dice, que se esconde detrás de un disfraz, que necesita una bestia, un príncipe o un cireno, para evidenciarse cuando ya es demasiado tarde y el cuento ha terminado.
De eso mismo hablo yo.

A mis treinta y cuatro le conocí y no necesite de cercanías para diluirlo y bebermelo de a sorbos en mi taza de café.
Para besarle los ojos en el atardecer aquel, que me caracteriza.
Le he escrito las mil y una noches en un verso sin tildes, en una prosa sin puntos finales que suiciden lo que como llamas ardientes queman y abrazan encendidas el alma enamorada.
No, aun no he llegado a los puntos suspensivos; no existe la coma que de paso a lo inexplicable, al texto sin contexto de “aquello” que con la muerte en la mano derecha, me llenó de caricias izquierdistas.
Y digo “aquello” porque en su naturaleza no podría darle un título que evidencie su esencia.
Aún le pienso… Aun me desvelo a su salud, aun inspiro esos versos que como fantasmas recorren mi cuerpo de sal.
Aun las heridas lloran acorraladas.
Aun amanece muy tarde en mi ventana, cuando soñar con sus besos, alargan mis madrugadas.
Aun no paso los treinta y cinco, aún el invierno se cuela por las rendijas de mis ojos, helando las ganas de volver amar.
Y no me exijo ni me señalo, no me reprocho ni me arrepiento. Soy feliz con lo que tengo, aun las heridas adornan mis versos, esos que tallados en las líneas de expresión, me recuerdan que sigo viva.

Agosto uno, el día que nací, quince de septiembre, el día de independencia, diecisiete de diciembre, extrañamente siempre sueño con mi hermano fallecido, como si quisiera recordarme que existe un más allá, muy cercano.

Puñaladas por la espalda, por la médula y el esternón, un sexto sentido gastado, la indiferencia a la opinión pública de la desnudez que tiembla de frío. Bah…!! Golpes bajos, tan bajos que conocieron el infierno.

Y de esta manera los números rojos colocan mi cuenta bajo cero, quizá me ocupé demasiado de los asuntos que perecen y perecí con ellos.
Quizá jamás debí quitar mis ojos del monte aquel de donde mi socorro alumbraba al rayar el alba.
Dejé de elevar mi oración a la estrella de la mañana y un cataclismo mortal me condujo a un agujero negro.

Sumergida en un río de profundas aguas me encuentro, hablando cosas inentendibles, indescifrables para aquellos que sin fe, se visten de autosuficiencia.
Yo, en mi humilde posición mortal reconozco que creo en Dios y que le necesito para vivir en plenitud de todo.
Reconozco que mis letras todas ellas se irán al vacío sin su esencia que habita en mi.

Quizá es lo único salvable y lo único que merece la pena mencionar. La incomprensible existencia de Dios, esa misma que el día de hoy me permite respirar, suspirar, llorar, gritar, escribír…

Ya es veintiséis de diciembre, ya el calendario sufre menopausia por estrés. El año nuevo se acerca y con el, una lista interminable de propósitos que envejecen, que se guardan en el gran museo de la linea del tiempo en la humanidad, allí al lado de las doce uvas que al llegar las doce, mueren y son defecadas al día siguiente, allí… Junto al beso de juventud que no se olvida.

Perdón si no tengo palabras distinguidas y hermosos versos de “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo”, no celebro la Navidad y la realidad es que tendríamos que definir primero la palabra “Prosperidad” y coincidir en que un alma que odia y espera sentada beberse una botella de venganza; un alma amurallada por paradigmas como muros que dividen y haciendo acepción de personas dirige su existir, tomándose muchas veces el papel de juez señala y como un dios, se adjudica el poder de condenar, aunque así le posea un cuerpo millonario, su extrema pobreza no le permitiría jamás ser parte de los buenos deseos que el año nuevo promete. Es como beberse una Coca-Cola y no alcanzar jamás ser la sensación del momento o ser fanático de 7up y no tener claro su estilo… ¿Me entienden?
Jajajaja… Al menos mi bizarro sentido del humor sigue intacto.

Debo decir ya por terminar que, la vida es ese león, que nunca es como lo pintan.
Que el hombre se empeña en cultivar y adornar un sendero que al final perecerá.
Que el sol del atardecer es siempre ese loco cobarde que detrás del ocaso se esconde cuando aparece la luna.
¡Que viva la poesía!, que trascienda el amor por sobre todas las cosas, que se acaben las guerras, la discriminación racial y la falsedad de la historia, que seamos genuinos y directos para expresar, el querer, el amar, el llorar. Que una copa de perdón les acompañe hasta las doce del 31, para que su año sea lo que debe ser.

Ya no les canso más en virtud de este insomnio, mi fiel compañero.

Leslie Mansilla / Sunset / Guatemala, C.A.

Charlemos

Estimulo el pensamiento con un sorbo de café.
Respiro profundo, dando paso a que el milagro de la vida adule mis pulmones vírgenes de nicotina y alquitrán.

Pienso… Y tardo un poco en existir.

El sonido de un villancico navideño de una caja musical antigua, acompañado de unas luces pálidas parpadeantes alumbran la ventana de mi vieja y mal humorada vecina.

El aullido cansado de unos perros friolentos espantan el silencio de la noche que intenta permanecer en calma a los que ya, entre cálidas cobijas, descansan o hacen el amor.

Ya no se si el frío invierno trae consigo las esquirlas de un pasado frustrado o la esperanza de un futuro incierto.

Tengo en mis bolsillos un capital deprimido y acorralado. Menos mal que la navidad y su ambicioso espíritu no conoce mi código postal.
Ese es el peligro de la verdad. Una vez la conoces no puedes traicionar tus propios conceptos y argumentos.
Tachada de insensible por no colgar un Merry Christmas en la entrada lideo con la presión social de ser una madre antipática.
Mis hijos comprenden total y completamente el origen de la “Mágica fiesta” y deciden no empatizar, a lo que debo admitir… Me siento satisfecha.
(Esperando no herir susceptibilidades, abandono el tema)

Ahogada la nostalgia en un suspiro, contemplo una fotografía de mi siendo infeliz, pero ignorándolo.
Soy yo creyendo en el respeto a la integridad del ser humano, de la inocencia y de la sangre.
¡Vaya! Una niñez difícil…

Me dirijo al espejo y me veo mujer. Agradezco haber crecido.
Agradezco mi silencio, pues me permitió crecer, conocer y entender.
Y es que cuando veo el reflejo de mi mirada, solo puedo ver mas allá, veo profundo, intenso, infinito.

Vivo conciliada con Dios, vivo en armonía con el viento, en una rama de poesía me poso cada tarde a descansar, en el árbol frondoso de mi alma.

©Les Mansilla / Guatemala, C.A. / Sunset Less

Vagando En Un Verso

Hoy libero un verso de esos de luna llena de musas dormidas de amores olvidados. Dejo escapar una poesía sin nombre sin hambre, ni sed, ni encanto; un beso sin destinatario. Abro mis manos y recojo un puñado de letras heridas, un montón de escombros sin dueño. Con la tinta gastada de aquellas noches cansadas, del insomnio inapropiado, me abrazo de una lírica demacrada. Porque hoy escuche la canción, esa que entona tu nombre y el mío, en tiempo pasado, asesinando el llanto que te baña y te desnuda a la luz de esta luna que me acompaña. Por eso libero un verso huérfano, uno que vaga en la soledad de la noche, esa que aún te extraña. Sin fe, sin rumbo, a su suerte. ©Les Mansilla #InsomniosGastados #Poesía

Melia

Cauta en sus huellas sigilas, silenciosas.

Estampa en tonos quemados,
de bellos atardeceres
que ahogan el sol en un suspiro,
en un verso de noviembre.

Otoño que llora,
un amor de letras cursivas;
delirando versos tristes,
que como luces titilantes
alumbran el cielo en su mirada.

Tejiendo delirios,
arropando soledades;
el temblor del tiempo sin nombre,
sus manos contiene, en una caricia perdida.

Palabras como fantasmas,
extraviadas en el limbo del pasado;
navegando promesas en el mar del olvido,
suicidas en el nombre del amor.

© Les Mansilla / Sunset Less / Guatemala, C.A

Estoy aquí,
temblando de miedo
porque tus ojos no secuestren
mi amor constante;
porque tu boca no cautive,
mis sueños solitarios.

Por quererte como te quiero,
aqui, conmigo
cercano…,
entre mi alma y mi suspiro.

© Les Mansilla / Guatemala, C.A. / Sunset Less

Esquizofrenia parte III

Es difícil encontrar la inspiración,
en una escaramusa de tragedias emocionales,
donde la razón ha dejado caer al suelo
toda posibilidad de reconcialición,
entre la estática manera de perder la mirada
en ese abstracto pensamiento, de colores sicodélicos
y la cordura de un alma madura y sensata en lo sensato.

El frío que entra por los pies,
haciendo remembranza de que aún habito en la tierra,
congela cada paso que entre la niebla se pierde,
disipando así también las nostalgias, las vagas nostalgias…

La autocrítica que castiga, ha guardado silencio.
Hace días no le escucho lanzar palabras al viento,
en mi caja neuronal;
amordazado también el verso, frustrada está mi poesía,
atrapada en una esquizofrenia literia, fumando madrugadas
solitarias, silenciosas… oscuras, apáticas y cafeinadas.

Entre un amor imposible y la insania de querer alcanzar el éxtasis,
bailo con la luna, mi bella luna; creando ecos,
mis delirios fantasmales en el deseo desesperado,
de sus caricias en mis pieles que se tornan grises entre las sombras;
caricias invisibles, que amanecen como escarcha en pleno invierno.

Una vela encendida mi única compañía,
en una habitación astiada de gemidos solitarios,
como una tumba blancusca,
testiga de unos sueños dormidos,
que secuestran mis insonmios gastados.

©Leslie Mansilla / Guatemala, C.A. / Sunset Less

Esquizofrenia Parte II

Pasos ligeros bajo el cielo intestado de nubes; heladas, oscuras y espesas.
El viento frío me ha helado la nariz y ha enredando mis cabellos rojos, desteñidos, resentidos.

La música, intentando sacudir cualquier pensamiento reactivo,genera un éxtasis plasmático; incapaz de resolver la mínima atención a los seres animados que, como siluetas, activan mis sensores cognitivos; impacientes por apagar la luz, por descalzar las penas, arrancar de un tirón los botones desmarañados de destrezas inmesurables, de locura ancestral,de habilidades testarudas; afanadas en alcanzar la cima.

Al fin…, el silencio que apacigua al pensamiento, al delirio. El alquitrán emocional en una trova despechada de una guitarra vieja que canta y acaricia. Los párpados que, cansados, permanecen atentos a la mirada que trasciende las eras, los muros transparentes del pasado.

Me abrigo de recuerdos, de olores que aún permanecen en esa memoria selectiva que, orgullosa y precabida, ha guardado para darme una velada como pocas a mi alma vieja, mi alma intensa, necia…, acompañante.

Continuará…
Hasta el recato, la mansedumbre y la paciencia.

Les