Vulnerabilidad

Comienzo este texto escribiendo lento, diluyendo algunas comas que inquieren en la razón, la misma que de a poco se estanca y permanece en la indecisión del ser o no ser. Ser el día que aclara con la verdad al frente
o ser la bruma que nubla… Permanecer a salvo.

¿Y en qué consiste mi razón de este siglo, si no en la vida misma y la fragilidad del alma tras la cortina de humo que sugiere el temor?

Soy frágil de corazón y de pensamientos profundos, alma que anida la esencia de cada cosa, de cada persona, de cada ser.

No he aprendido a morir.

Que hermoso es saber
que cuento contigo
y digo hermoso,
en el contexto de lo que esto significa,
porque no hay forma más bella
de saberte existente en mi vida,
que el respiro mismo al amanecer
cuando los rayos de luz,
traslucen en mi oscura soledad,
esta que a veces me conduce
a la desertes y la desmesura,
despojando mi entera capacidad
de sostenerme de pie ante la vida.

Les Mansilla
Guatemala, C.A. 2021

Me he detenido un poco de tiempo, admirando el cielo que no es completamente oscuro, hoy la lluvia generosamente ha cedido el lugar a las estrellas; he pensado en dejar una nota que me recuerde al despertar, ésta noche.
Hallar un momento adecuado para tejer algunos versos, se ha vuelto complicado, por no decir imposible. Finalmente parece que mi sencible manera de percibir la vida ha sido sojuzgada a la rutina, al estrés, a la prisa de un café medio frío en las mañanas mientras vuelvo por el bolso que he dejado en el sofá.
Mi silencio está casi intacto, el celo a la privacidad de mis pensamientos parece ser lo único que permanece firme. Pasan tantas cosas dentro …

No hace mucho estaba justo aquí, en éste mismo lugar, con la mente casi en blanco y la noche muy oscura. A excepción de unos bichos al asecho de mi cabello, hoy reina una paz inmensa.

Trazo con cautela unas letras que parecen huérfanas, sin título ni lugar, solo surgen espontáneas, como dando a luz en pleno invierno un sol de primavera. Es el alma que se aferra a la vida, al desafío de la poesía que indaga en lo profundo, el amor, la locura, la verdad.

Ya no tengo más preguntas, solo respuestas.
Y es que cuando la vida nos empuja a responder con lo único que queda, es cuando se deja de lado la incertidumbre y se enfrenta con valor.
Porque vaya si no se necesita valor para rendirse.

Las varices abrazan mis piernas y a veces vuelvo a casa llorando sin saber decir porqué. Será que me ahogo en mi misma, en mi soledad. El insomnio que de a poco me mata, es el mismo que me libera y el refugio que me ofrece la melodía de una guitarra clásica me hace sangrar de ausencias.

Debo estar completa al amanecer, debo reparar una sonrisa y retomar algunas fuerzas debo detener aquí las letras porque se viene un vendaval de pensamientos que involucran demasiado de todo aquello que por el momento, se me está vedado dar, como diría aquel hombre que cantando se opone a lo que yo sucumbo, “Cerrado por derribo”.

Les Mansilla
Guatemala, C.A. 2021

Solo Una Madrugada Fría

Al filo de la madrugada, me senté paciente a esperar el sol naciente, allá entre nubes color púrpura y grisaseos horizontes; en un taciturno diálogo mental con el Dios del universo a quien amo y sirvo, a quien temo y busco desmedidamente en cada tiempo.
Si supiéramos lo que la vida nos tiene preparado dentro, en cada circunstancia andaríamos con los pasos más sigilos y las verdades trebolantes.
A cuántos, el qué dirán les fue de tropiezo y atajo para el destino que finalmente llegaría. A mí me fue de grandes golpes y caídas.
Menos mal, que puedo hablar abiertamente con mi Dios de tantas y tantas heridas.
Menos mal que de chica me sembraron en el alma la fe que hoy es el árbol que con su sombra me cobija.
Andaría yo perdida y colgada de un Descartes teniendo a mano aquel libro que da vida.
Me siento un poco desdichada a ésta edad mía, porque se que el valor muchas veces ha andado ausente, más bien la cobardía he tenido por amiga.
Y así terrible es la mente, que reprende sin piedad al alma pusilánime. Ya no quiero más decir que estoy perdida, quiero encontrarme en éste camino recorrido y sentir que pertenezco a la sensatez y a la sabiduría. Ya no quiero tener noches errantes, colmadas de dolor y llanto, culpando a lo que sea que mi nublado pensamiento a ésta hora me trae a memoria.
Ya nada tiene remedio, ya estoy un poco cansada.
No estoy segura si es ésta una plegaria o solo una más de mis traslúcidas declaraciones.
De esas que dejan ver el fustan bajo las apariencias.
Solo sé, que a mis treinta y casi cuarenta, solo hay una cosa que cambiaría…
Ésta lugrube madrugada plagada de bichos que vuelan torpes, buscando enredarse en mis cabellos, tal cual los pensamientos que no tienen ningún provecho más que el de sentir angustia por el tiempo que ya se ha ido.
Me siento fría y sin ningún claro sentimiento, más que el de querer volver a la cama con paz en el alma y con un poco menos de culpa, por no haber elegido antes, la vida.

Leslie Mansilla

La Prosa de Siempre

Titubeante por los pasillos de la memoria contemplé algunos rasgos del pasado; ¡Qué manera la mía de siempre escabullirme  y regresar a donde no pertenezco más!
Noté que mis cabellos solían verse distintos, como ramillas que daban a luz el otoño.
Permanecí por largas horas sosteniendo en mi pecho un sentimiento que me llenó de angustia, temí no poder volver, no calmar el llanto y deprimir el alma sin más razón que la insensatez de la nostalgia, de la vana manera de buscar lo que hace mucho, se ha perdido.
¡Cuántos poemas de amor, cuántos poemas tristes!, Como hojas secas cayendo de aquel árbol inmenso de inmensos enredos.
Al final de la tarde, me encuentro conmigo misma, helada como un témpano de hielo, el alma y la vida misma.

Leslie Mansilla /Guatemala, C.A 2021



Redención De Aquellos Versos

Tengo en la punta de mis dedos
unas letras indecisas,
unos versos doloridos
lisiados en sus rimas, rotos de dolor.

Andan huérfanos
por las sendas del pasado,
desnudos de entendimiento,
colmados de indignación.

Son flagrantes de una crónica
preñada de ira,
de un ensueño utópico,
de un tormento matador.

Allí en los abismos más profundos,
en las fauces de la muerte,
fuí consciente,
del delirio del amor.

Del amor que solo existe
en el silencio,
en la sincera nobleza,
que promete lo imperfecto.

Clamando redención,
vuelven los versos al tintero,
ansiosos de pintar
oscuros mis senderos.

Los sofoco en un corsé de encaje rojo,
con el pulso de mis venas,
que en los días tristes me envenenan
el alma y la razón.

En los surcos de los tiempos,
tengo esclavos los tormentos,
impedidos los recuerdos,
y agrietado el corazón.

Ésta es la parte del poema,
que se pinta de amargura,
la que evito con cordura
y abandono en mi balcón.

Elevo al cielo una plegaria…
Una plegaria más a éste mar de incertidumbre,
que venga la paz es lo que pido,
que venga el olvido y el perdón.

Leslie Mansilla, Guatemala C.A. 2021

No me temas amor cuando sonrío, 
porque el atardecer ha pintado mi rostro
y el poema que abraza me ha teñido de letras el alma.
No consideres la pena, si en mis ojos vez el brillo pleno de tu amor constante.

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Aprendí a amarte en otoño, cuando los mismos árboles han renunciado a la vida.
Aprendí a tenerte conmigo en silencio, egoísta y posesiva.
Por mí, por conveniencia, por permanencia en esta insensata rutina que me exige la vida, aprendí a no olvidarte, a no perderte allá en el misterio de los días que renacen con el alba.

Les.

Un Sueño en la Floresta

Sucumbe mi fuerza
ante la hermosura del ocaso;
el que siempre espera,
el que esconde mi llanto,
el que guarda silencioso tras la inmensidad,
la locura infinita
de mi alma.

Quien no percibe la esencia pura
de un poeta,
la presencia divina
en la sencillez de las rosas silvestres,
no ha de conocer nunca
la gacela que da saltos en los montes,
entre los tibios rayos generosos del atardecer,
abrazo de la eternidad.

Invito a la soledad que habita
en una hoja de otoño,
cuando el sol se esconde
cuando el ruido se escapa con las aves,
buscando algún nido lejano.
Titubeante lanzo al viento
un mensaje emergente
de un sueño en la floresta,
suplicante de un beso de amor verdadero.

Quiero despertar en la mañana
con la melodía jugueteando entre mis piernas
y la dulzura de unas notas blancas
como espumas en mi pecho, latiendo al ritmo de mis versos;
trascender el espacio y burlar el tiempo,
acariciar sin prisas mi almohada,
susurrar misterios,
empezar de nuevo.

Les

Desempolvando un poco…

El me hacía temblar el cuerpo y el alma. Su mirada era la mía, su voz me sumergía en un universo paralelo donde todo era posible. No importaba la distancia, el cielo eran sus ojos, no existía diferencia entre el día y la noche, era suya eternamente.
Mi alimento eran sus besos,
esos que de una forma invisible recorrían mi piel, su calor estaba en mis huesos y mi boca pronunciaba por si sola su nombre.
Le amaba con locura, con ceguera, como un fuego ardiente y también con ternura le amaba.
Amaba todo de él. Su palidez y su sonrisa, su quebranto y su cordura. Amaba sus silencios y el estruendo de su alma… Todo él, también fue mío.

Leslie Mansilla

… Pandemia

Los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen siempre demasiado pronto), son experiencias. Para escribir un sólo verso es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las florecitas al abrirse por la mañana.

– Rainer Maria Rilke
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Ayer deje un post en una red social, un hálito  de esperanza, mi fe.
Dejar una imagen tratando de persuadir el sentido del humor discreto que en estos tiempos de pandemia, dolor, injusticia y duelo es un atrevido acto de heroísmo que desde mi rincón, dónde también padezco los efectos (síntomas) de un cautivo.
No digamos sostener a pesar de todo que, saber que Dios está, se ha vuelto suficiente.

Cuántos años atrás vimos venir el caos… Lo escuchamos, lo predijimos, lo esperábamos de hecho. Pero creo que nos faltó imaginación y un plan de B, un plan que nos salvara del día malo, de la pérdida cuando una enfermedad fantasma nos arrebata lo que amamos, nos impide abrazar a los más débiles, desestabiliza una economía que repercute en el pan diario y que sostiene un plan macabro en las mentes de los gobiernos que aprovechando el miedo, actúan a su favor olvidando que su papel es servir al  mismo pueblo que oprimen.

Pensar en Dios y en su sabio silencio, impacta mi vida. Que va a decir ahora, si ya todo está dicho. Depositar mi afán en El, es un alivio.
Aunque el mundo se acabe… Yo en El he puesto mi esperanza y, qué puede ser más cautivador que esperar una vida más allá de la “muerte” en este mundo que ya vimos, no es tan seguro como pensábamos.

… No vine a dejar un mensaje religioso, solo dejo mis letras colgadas.

Cuando tengo versos en mis bolsillos, sumergida en la nostalgia y el sentimiento los plasmo.
Pero hoy, tengo dolor en el alma… Porque respiro en el aire el sentimiento que emana de la tierra misma, la impotencia, la incertidumbre y la poca fuerza para decir basta. Creo que el mundo, también está cansado.

Yo lo estoy

Les